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Lo que la distinguía de otras ballenas, no era tanto su volumen, sino más bien su frente peculiar, blanca como la nieve y arrugada, así como una alta joroba piramidal y blanca. Estas eran sus características más sobresalientes, las señales por las cuales aún en los mares sin límites y sin cartografiar, revelaba a gran distancia a quienes la conocían, su identidad.

El resto del cuerpo estaba tan rayado, manchado y lleno de tonalidades de mortaja, que en último término, había ganado el apelativo que la distinguía: “Ballena blanca”, -un nombre- su verdad justificada literalmente, por su vívido aspecto cuando se le veía deslizándose en pleno mediodía a través de un mar azul profundo, dejando una estela lechosa de espuma como crema, toda rayada de brillos dorados.

Pero no era propiamente su desacostumbrada magnitud, ni su notable tonalidad, ni aún su deformada mandíbula inferior, lo que tanto terror natural producía en el ballenero, era su malicia inteligente y sin ejemplo, que de acuerdo a los relatos precisos, había mostrado una y otra vez durante sus ataques.

Más que todo, sus retiradas traicioneras producían una confusión que superaba a cualquier otra cosa. Porque, mientras nadaba ante sus entusiasmados perseguidores, con todos los síntomas de la alarma, más de una vez se le había visto volverse de pronto y, cargando sobre ellos, desfondar el bote haciéndolo astillas, u obligarlos, llenos de consternación, a retornar a sus buques.

Henán Melville Libro de Lecturas 6° grado, Secretaria de Educación Pública, Pág. 41

En los tratados de Ciudad Juárez, se pactó que Díaz sería sustituido de acuerdo con la constitución de 1857, por su secretario de relaciones exteriores, Francisco León de la Barra, reconocido diplomático. Este tendrá como principales responsabilidades llevar a cabo el desarme y la desmovilización de las fuerzas maderistas, así como de organizar las nuevas elecciones. Lo primero resultó un proceso muy complicado: se calcula en 60 000 el número de rebeldes, de los que sólo 16 000 fueron organizados en cuerpos rurales. El resto regresó a la vida civil y pacífica. Sin embargo, los principales alzados se mostraron inconformes con los tratados de ciudad Juárez y sus secuelas: Pascual Orozco y sus lugartenientes y seguidores fueron relegados una vez obteniendo el triunfo militar, por lo que consideramos insuficientes los beneficios logrados; a su vez, Emiliano Zapata y los alzados en Morelos se negaron a disolverse o a organizarse como “rurales” y a entregar sus armas antes de que les devolvieran las tierras que consideraban como usurpadas por los hacendados, actitud que los enfrentó al gobierno interino de león de la barra y a Madero en su función de mediador.

Respecto a las nuevas elecciones, Madero decidió transformar el parido nacional antirreeleccionista en uno llamada partido constitucional progresista; decidió también que para esta segunda elección su compañero de fórmula ya no sería Vázquez Gómez sino José María pino Suárez abogado y periodista nacido en tabasco pero radicado en Yucatán, donde colaboro destacadamente con el movimiento antirreeleccionista.

Javier García Diego Introducción histórica a la Revolución mexicana, Págs. 38-39

Sólo odiamos lo mismo que amamos, lo que en algo, de una o de otra manera se nos parece; lo absolutamente contrario o en absoluto diferente de nosotros, no nos merece ni amor ni odio, sino indiferencia. Y es que de ordinario, lo que aborrezco de otros, lo aborrezco por sentido de mí mismo; y si me hiere aquella púa del prójimo, es porque esa misma púa me está hiriendo en mi interior. Es mi envidia, mi soberbia, mi petulancia, mi codicia las que me hacen aborrecer la soberbia, la envidia, la petulancia, la codicia ajena. Y así sucede. Que lo mismo que une el amor al amante y al amado, une también el odio al odiador y al odiado, y no los une ni menos fuerte ni menos duradero.

Hay con frecuencia un sedimento de amor en el fondo de no pocos odios; muchas personas se aborrecen o creen más bien aborrecerse, porque se respetan, se estiman y hasta se quieren mutuamente, y como dice Enrique David Thoreau: “A nadie tenemos más derecho para odiar que a nuestro amigo”.

A menudo ocurre que se pasa uno la vida combatiendo la intolerancia de los demás, y si logras arrimarte a tu espíritu y registrarlo con tu mirada, verás que estas combatiendo tu propia intolerancia.

Los absolutamente humildes no se escandalizan ni apenas se conduelen de la soberbia ajena, como los verdaderamente pródigos no se indignan de la avaricia de los demás. No tienen sino que ver las prevenciones que los humildes de profesión han tomado siempre para que su humildad no se convierta en soberbia.

San Ambrosio dice: “Muchos tienen apariencia de humildad, pero no tienen la virtud de la humildad, muchos que parece exteriormente la buscan, interiormente la contradicen”.

Javier García Diego Introducción histórica a la Revolución mexicana, Págs. 38-39

La lucha entre constitucionalistas y convencionistas no había permitido a ninguno de estos grupos ejercer normalmente las funciones gubernamentales. Sólo después de haber triunfado comenzó la etapa gubernativa de los primeros, que se dividiría en dos fases, preconstitucional y constitucional, siendo mayo de 1917 la línea divisoria.

El año 1916 se caracterizó por numerosas y graves dificultades, permaneciendo el problema militar como el predominante. Si bien el gobierno de Carranza obtuvo triunfos considerables en las campañas contra el villismo y el zapatismo, por otro lado, el hacendado Manuel Peláez y su ejército de “guardias blancas” impidieron que el gobierno controlará buena parte de la región petrolera, en la costa superior del Golfo de México. Asimismo, Félix Díaz penetró al país por la costa tamaulipeca, y luego de una odisea que lo llevó por Oaxaca, Chiapas y Guatemala, regresó por Veracruz para realizar una cruzada contrarrevolucionaria con desiguales éxitos, hasta mediados de 1920. Asimismo, había rebeliones de consideración en Oaxaca, donde estaban en armas los “soberanistas”; en Chiapas, donde los finqueros encabezaban la lucha, y en Michoacán, con un movimiento encabezado por José Inés Chávez García, quien era considerado por muchos como un simple bandolero.

Uno de los mayores problemas del año 1916 fue, al mismo tiempo, militar y diplomático, pues como represalia por la violenta incursión de Villa al pueblo de Columbus, Nuevo México, el gobierno norteamericano envió una fuerte columna “punitiva” encabezada por el general Pershing, la que permaneció en México de abril de 1916 a febrero de 1917, pero que obtuvo resultados contrarios a sus objetivos.

Javier García Diego Introducción histórica a la Revolución mexicana, Págs. 87-88

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